El arte cubano gana juicio internacional por primera vez en Europa.

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Tribunal español falla a favor de compradores de cuadros falsos de Amelia Peláez y Portocarrero

29.12.12.- Miami ha sido noticia por los frecuentes robos y estafas con relación a la venta de falsas pinturas cubanas y de otras nacionalidades. Sin embargo, el sábado 10 de noviembre el El Nuevo Heraldreportaba que era hallado culpable el estafador Jorge A. González, quien en un inicuo “acuerdo” de inversión, ofreció como garantía una “valiosa” pintura de la renombrada artista cubana Amelia Peláez. Luego se comprobó, a partir del testimonio aportado a la fiscalía por el historiador de arte Juan A. Martínez, que era una mala imitación. También los agentes del FBI presentaban en julio de este año ante un juez local, a un cubano y a una mexicana, acusados de intentar vender en $750,000 Odalisca con pantalón rojo, una pintura de Henri Matisse sustraída una década atrás de un museo venezolano.

En estos días se conoció la sentencia definitiva en un caso llevado a juicio el 26 de septiembre del 2011, en el Juzgado de Primera Instancia número 97, de Madrid, España; que se pronunció en favor de los demandantes Silvia Segurola de Ortiz y Emilio Ortiz, ciudadanos norteamericanos de origen cubano, que viven entre San Juan, Puerto Rico y Miami. Ambos son reconocidos benefactores del Museo de Arte de Miami (MAM) y coleccionistas desde hace años de mapas antiguos, numismática y arte latinoamericano. Hacia el 2006 Segurola y Ortiz comenzaron a configurar una colección especializada en pintura cubana de las primeras vanguardias del siglo XX.

Ese mismo año, con apenas experiencia en el tema, adquirieron en la casa española, Subastas Durán, las dos piezas que luego entran en litigio. Un florero de Amelia Peláez, supuestamente de 1958, y una silla de René Portocarrero “fechada en 1943”; adquiridas por vía telefónica. Ellos depositaron toda su confianza en el prestigio de la casa subastadora, la más antigua de España. En los años siguientes fueron varias las personas, entre ellas reconocidos especialistas, que al contemplar las dos piezas en las paredes de su casa, les advirtieron que tenían dudas sobre su autenticidad. Uno de ellos fue el pintor Aldo Menéndez, que ya les había ganado otro caso sin tener que llegar a los tribunales, con relación a un apócrifo de otro pintor cubano, Víctor Manuel.

“Sin haber pasado todavía por análisis más profundos, corroboré que se trataba de plagios”, dice Menéndez. Los Ortiz contrataron los servicios de la abogada española Almudena Gomiz Macein, que de inmediato estructuró el caso como una “reclamación por responsabilidad civil, al subastar algo distinto de lo que decían que era”, haciéndolo constar así en el catálogo de la subasta. La perito judicial de los querellantes, designada por el juez, encargó los exámenes a los laboratorios LAB, S.L. (laboratorio de análisis y documentación de obras de arte).

“El Informe pericial, que coincidió casi por completo con mi ponencia como experto independiente, ratificó, de este modo por partida doble, el dictamen de que ambas piezas eran ilegítimas”, dice Menéndez. “En el juicio se dio la inusual contingencia de que la procuradora María Dolores Moral García al encargar su investigación y análisis de las piezas, entre otros a la Fundación Arte Cubano, de Madrid, recibió de ellos opiniones que corroboraban las nuestras”.

El magistrado juez Sagrario Arroyo García emitió sentencia en primera instancia a favor del matrimonio Ortiz.

“Aun no estando la sentencia en firme, la misma sentaba ya un importante precedente, en cuanto probó una vez más la existencia de un sinnúmero de cuadros falsos cubanos, que constituyen una desagradable secuela de los éxitos alcanzados por esta plástica a nivel mundial”, señala Menéndez. De inmediato fue presentado el recurso de apelación 149/2012 por parte de los acusados (Subastas Duran).

El 19 de diciembre pasado el recurso de apelación fue finalmente desestimado por la audiencia provincial de Madrid, sección undécima, que falló (concluyentemente) en favor de los Ortiz, señalando que la pretensión de la apelación resultaba contraria a lo dispuesto en la ley 7/1996, de ordenación del comercio minorista, artículo 58, epígrafe 2, aplicable al caso, que señala “cuando en una subasta se oferte una imitación, copia o artículo, que aunque aparentemente precioso, no lo sea en realidad, deberá hacerse constar expresamente, tanto en los anuncios como en las invitaciones a las pujas. No puede discutirse que se proporcionó a los reclamantes una información que no se ajustaba a la realidad”. Los demandados están en la obligación de devolver los miles de euros que les fueron pagados por los Ortiz “y el resto de las cantidades estimadas en la sentencia, como indemnización por los daños y perjuicios causados”, incluidos los gastos procesales. Por Ivonne Ferrer, Artista plástica y restauradora

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE BORIS

 

 

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Acerca de Boris Cuba Moscu

Ciudadano cubano con status de emigrante
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